La productividad como ideología
Llevamos una década convirtiendo la eficiencia personal en una forma de moral. Optimizar la agenda ya no es una herramienta: es un modo de mirar el mundo, y empieza a pesar.
Seguir leyendo →Cuaderno personal de opinión sobre tecnología, cultura, política y la vida cotidiana. Sin algoritmos, sin analíticas obsesivas: textos largos publicados cuando están listos.
Ensayo destacado
Llevamos una década convirtiendo la eficiencia personal en una forma de moral. Optimizar la agenda ya no es una herramienta: es un modo de mirar el mundo, y empieza a pesar.
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Vinilos, cámaras de carrete, libretas Moleskine, teléfonos sin pantalla. La vuelta a lo analógico se vende como rebeldía, pero muchas veces es sólo otra forma de consumo, más cara y con mejor estética.
Culpar al algoritmo de todo lo que pasa en las redes es tranquilizador: nos convierte en víctimas pasivas. Pero la historia es más complicada, y menos cómoda.
Hemos eliminado el aburrimiento de nuestras vidas con una eficiencia quirúrgica. A cambio, hemos perdido algo que quizá ni sabíamos que teníamos: la capacidad de estar a solas con una tarde.
Una idea urbanística bastante aburrida —poner escuelas y tiendas cerca de donde vive la gente— se ha convertido, sin comerlo ni beberlo, en un argumento conspiranoico. Vale la pena entender por qué.
Llevaba quince años en la red social. Volver al blog no ha sido nostalgia: ha sido descubrir que había tipos de pensamiento que no cabían en 280 caracteres, y que ya casi no recordaba cómo se hacían.
Nos han enseñado que dejar un libro a medias es un fracaso. Yo creo que es, muchas veces, lo más honesto y respetuoso que le puedes hacer a un libro y a ti mismo.